Inconscientemente siempre cogías mi mano, sin llegar a pensar que se pudiera originar en mí un sentimiento tan fuerte. Me cogías la mano, me mirabas y me sonreías; esa era la rutina. Una y otra vez lo hacías, pero con el cariño de la amistad de apoyo, aún yo queriendo que ese cariño variase durante unos minutos, suficientes para disfrutar de tu compañía. Te quiero, te deseo… ¿Palabras mayores? Te amo. Me sonríes y me miras, regalándome sin condiciones lo que nunca será de mi posesión totalmente. Algo de lo que disfruto pero que  me hace esclavo, quizás sea un dolor dulce, un dolor cálido; un dolor que soportaré en esta amistad por ver tu sonrisa cada mañana, por sentir el tacto de tu suave mano en mi áspera piel.

Un cigarrillo a medio consumir, un hombre en el suelo que derrama lágrimas mientras mira a un punto indefinido del cielo, apoyado en una tumba de piedra, deshaciéndose en dolor.
El pasado, sí, el pasado. Nunca debería removerse, pero yo lo hacía aun sabiendo las consecuencias. El cálido tacto de tu piel sobre la mía, tu perfume, tu sonrisa, tus besos…Todo destrozado por las imágenes que me atormentan día y noche. Maldita sea la hora en que cogí el coche, maldita sea la hora en la que decidí adelantar al de enfrente colándome en el carril contrario, malditos los neumáticos que resbalaron en el mojado suelo y que nos hicieron impactar contra aquel camión. Mi vida entera se basaba en el luto y en tu recuerdo, acercándome cada mañana del mes de abril a donde yace tu cuerpo sin vida. Un lugar que me roba el alma sin compasión. Cada tumba, cada flor, cada epitafio me hace morir por dentro y manifestarlo con un descontrolado llanto a los pies del nicho. 

Falsas esperanzas que hunden mi ser

 Es ese frío aterrador el que me recuerda tu sonrisa... Han pasado tantos años desde la última vez que te vi que a penas recuerdo tu rostro. Paseo por las mismas calles donde nos solíamos ver, frecuento los restaurantes y cafés donde nos reuníamos, con falsas esperanzas de volverte a ver.

Felicidad hecha añicos

  Ayer puse la televisión después de mucho tiempo y vi tu programa favorito... Corrí hacia el teléfono para llamarte y decírtelo... Pero fue cuando entonces me desmoroné, recordando que tú ya no estabas a mi lado y que nunca regresarías, pues a donde te marchaste no hay vuelta jamás.

La muerte de los amantes 2ª Parte

Leonard, nunca apareciste… llegué a pensar que nunca recibiste la nota, pero mi criada me afirmó que llegó a tus manos. Te esperaba en la panadería, donde poder huir contigo, pero nunca apareciste. Me deshice en lágrimas, esperaba que vinieras a por quien amabas. El corazón se me fragmentaba en pedazos, de los cuales pocos quedaron juntos. Mis piernas temblaban ante la idea de no verte y tener que estar casada con alguien a quien no amo. Te deseo, te necesito… No puedo vivir toda una vida llorando a espaldas de los demás… Prefiero morir a vivir arrodillada ante ese bastardo. Una esclava, sólo sería eso, alguien con mi futuro esposo  se desahogue cuando llegue ebrio, alguien que debe formar una familia para contentar a sus padres, alguien que no sirve de nada en esta sociedad… Corrí hasta el bosque, donde nadie pudiera verme llorar,  donde ni las ánimas pudieran encontrarme, un lugar donde mi corazón pudiera morir en silencio.

La muerte de los amantes 1ª Parte

    Un simple poeta que se enamora de la persona inapropiada, ése era yo; Leonard, que se enamoró de lady Marion, que a su vez estaba prometida con el primo del rey.  Escribí mil y un poemas retratando su exuberante belleza; sus ojos cristalinos, que dejaban ver la verdad; su largo cabello, como si de hilos de oro se tratasen…Su esbelta figura, su grácil andar… Toda ella era inspiración para los más rebuscados poemas.
Mis visitas a su alcoba se repetían a menudo. Ella decía que me amaba… ¿Era verdad o sólo me quería por mi escritura? Un don que a la vez me corroía, un veneno que traspasa la piel y deja huella en el papel. Mi intimidad se reflejaba en las hojas sueltas donde me desahogaba.
Marion ya no estaba a mi lado, me había traicionado. No soy persona sin ella, mi razón me abandonó, me sumí en las más oscuras palabras que empezaban a rodearme. No había razón, no había sentido de vida sin su sonrisa, sin sus miradas. Dejé que el peso de mi cuerpo hiciera lo que yo no me atrevía a hacer. El mar chocaba violentamente contra  las rocas del acantilado, la lluvia limpiaba el rastro de mi vida en la Tierra, el agua me rodeaba. Noté el impacto de mi cuerpo contra las rocas del fondo…Fue cuando la oscuridad me rodeó, sin dejarme escapar, huyendo a otro mundo, donde no pueda llorar.





El tiempo a veces no cura las heridas


  “Gracias por quererme” Fueron tus últimas palabras. En un acantilado, allí estaba sentado, derramando lágrimas que morían en la inmensidad del mar que se hallaba debajo de mis pies. Allí te llevaba en tus últimos días, para contemplar los atardeceres mientras el agua chocaba sutilmente contra las rocas produciendo una melodía relajante…Pero hoy el día se ennegrecía, el cielo estaba encapotado por las nubes y el oleaje chocaba violentamente. Faltaba algo, me faltabas tú. Estúpido universitario que se enamora de su profesora de literatura, estúpido universitario que nunca fue capaz de defenderse por sí solo. Aun sabiendo de tu enfermedad terminal te quise como nunca quise a nadie, siempre me recordabas tu cercano final, pero yo hacía oídos sordos ya que siempre pensé en un futuro junto a ti.
Ahora soy profesor de literatura en la universidad donde tú un día lo fuiste, y tengo mi corazón cerrado a las personas… Quizás un nuevo amor haga olvidar, quizás un nuevo amor me realce la apagada vida que llevo desde entonces...Pero me niego a olvidar tu sonrisa, me niego a permanecer al lado de otra persona que no seas tú, me niego a sustituirte…