Carente de ti.


¿Qué es lo que en verdad soy, qué cometido tengo en la vida? Oh, si no sé ni en qué día vivo, ¿voy a saber sobre eso? La rutina me cansa, todo es monótono, se repite una y otra vez. El olor de tu tabaco mezclado con tu Versace -aquel perfume violaba mis sentidos y hacía que tú fueras el que ocupara mi mente día y noche-, el aroma a café a las tantas de la madrugada, el calor de tu cuerpo bajo las sábanas. Es todo igual, no cambia: estás ahí, pero no para mí. Me levanto a las 6:00 am cada día para ir al museo a trabajar, me llega el aroma a café recién hecho y el tuyo propio, tu perfume desaparece de mis vías respiratorias al inhalar el fuerte olor de las pinturas de la restauración del cuadro -aunque permaneces en mis pensamientos- y por las noches solo me dedicas un “Hasta mañana”. Ellas te tienen y yo no, ¿cómo es posible si yo soy tu esposa? Entiendo que tu trabajo consista en complacer al público con tu música, miles de jóvenes hormonadas gritan tu nombre en los conciertos –lo que te satisface enormemente-, millones de fans van a las firmas de tus discos, te sacas fotos con ellos… ¿sabes cuál fue nuestra última foto? Aquella en la que salimos en un patio de Córdoba, hace dos años. Desde entonces no ha habido ninguna caricia, ningún susurro, ningún mordisco que me arranque el alma. En ocasiones no vienes a casa a dormir y no sé cómo tomármelo, ¿serán solo los cuadros deteriorados los que me vayan a acompañar durante mi vida? Giro la cabeza en dirección a tu lado de la cama…vacío, frío, inmaculado; igual de huérfano como mi corazón.

El cielo, mi cielo.

 Cambió caprichosamente el futuro a su antojo, realmente hizo lo que le dio la gana y jugó con mi corazón a una historia "interminable". Su sonrisa cautivaba y su mirada enamoraba, era despreocupado y bastante temerario. Una vez me dijo "Quisiera ser el cielo, así te vigilaría, sabría dónde estás y te protegería" ¿Crees que me he olvidado de esa frase? Aún la recuerdo, aún recuerdo todo lo que vivimos y también recuerdo cuando te fuiste para no volver. Aquel día sentí que mi mundo se quebrantaba como un jarrón de porcelana al impactar contra el suelo, ¿ya se había acabado? Aquella felicidad...¿Se había desvanecido, así, tan deprisa? Evitaba llorar, pero las lágrimas salían solas -unas lágrimas bastante amargas sea dicho de paso- y me acababa por secar las mejillas con los puños de tu jersey favorito..., sí, aquel jersey azul de topos negros, aquel que tanto te gustaba y que olía a tu perfume. Cada vez que acerco el cuello de tu jersey a mi rostro me embriaga tu esencia, recuerdo cada mañana que me desperté a tu lado y cada noche que dormí entre tus brazos. Hay mucho que decir, pero muy poco tiempo para expresar. ¿Sabes? Después de cuatro años, después de huir de donde un día fue nuestro hogar, después de dos largas relaciones;
sigo enamorada del cielo.



Alquimista de confusiones

  Etc...Etc...Etc... Aquel era tu comodín, dejabas tus palabras en el aire, finalizando la conversación con un pobre y seco "etc..." Su mirada me trastornaba, sus pestañeos me hacían enloquecer y sus sonrisas envenenaban mi corazón. ¿Alguna vez he tenido miedo? Sí, miedo de que aquello fuera a más, miedo de perderte, miedo de distanciarnos por aquel sentimiento. ¿Sabía diferenciar el amor de la amistad? No, no lo sabía, ¿qué era el amor? Sé que es aquello que todo el mundo ansía, pero realmente...¿Qué es el AMOR? ¿Era eso que me haría sentir mejor sin importar lo que me ocurriera o sólo era aquello que buscamos para llenar el hueco que se halla dentro de nosotros? Sinceramente no lo sé. Una vez jugué a sentirlo, pero no conseguí nada, solo la sensación de estar más vacío aún. Creo que me malcrié en ese sentido gracias a las películas románticas, el prototipo de pareja perfecta, la idea del amor verdadero. ¿Creer en ello? No lo sé ¿Una alma gemela? Ni idea. Quisiera abrir los ojos, pero su recuerdo me lo impide. Ella era como una mezcla de armonía y encanto, era algo MARAVILLOSO. Oh Dios, no me digas, ¿estoy enamorado de ella? No, no puede ser, aunque es algo que nunca he sentido...¿Será simplemente que la adoro y ya? Esto es demasiado confuso. Mierda, el café se me ha enfriado...Voy a calentarlo de nuevo.

Dream.

 Aquello fue un sueño, sí, un sueño, pero me pareció demasiado real. La bala le había dado en la cabeza y la sangre me había salpicado en la cara. Me llevé las manos al rostro, la sangre hervía y un grito fue arrancado de mi garganta. Alguien me cogió de la muñeca y gritó un “¡Idiota, si te quedas de pie te matarán a ti también!”. El extraño corría y me llevaba con él. Miles de furgonetas se hacían paso entre la multitud de malheridos y familias en pánico, furgonetas llenas de rebeldes afganos armados hasta los dientes.  Llevaba un fusil de asalto, pero no era mío, seguramente lo hubiera encontrado en el suelo. El corazón me palpitaba fuertemente, como si de martillazos se trataran. Me había quedado sorda del oído derecho al haber estallado una granada cerca de donde me hallaba, tan sólo había un pitido, largo e intenso. ¿Cuánto iba a durar esto, cuánto tiempo tenía que vivir en este sueño? Una madre afgana con su hijo entró desprevenidamente en la casa donde nos aguardábamos mi compañero y yo, por acto reflejo disparé; dejando huérfano a un niño de unos ocho años. Había matado a una persona y había dejado sola a otra. ¿Qué iba a hacer, ir al niño y pedirle perdón? Solo se me ocurría correr y huir de aquel infierno. Ni sé ni quiero saber cuántas horas estuve con un fusil en las manos, sólo sé que al despertar sentí un gran alivio y di gracias de  no vivir eso en carne propia. 

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 Era la última página del cuento de hadas en la que todo arde como si nada hubiera sido importante, como si el argumento hubiera sido en vano, cada esfuerzo, cada lágrima, no valieron para nada.

Fallen Angel

Sus lágrimas caían abrasadoramente. Ella había caído. Su protegido estaba a punto de morir. Se debatían entre la vida y la muerte y ella no podía hacer nada. Con un beso lo arreglaría, con un beso él se salvaría, pero ella moriría lenta y dolorosamente. Cargar con el peso de dos por el otro, salvarle y que nunca sepa de la existencia de ese ángel que lo resguardó de todo daño, que nunca sepa de la existencia del ser que más le ha podido llegar a amar. Era un precio bastante alto, salvar una vida y no obtener reconocimiento por ello. No había tiempo para pensar. Meredith se acercó a su protegido; Adam Jones, cogió su barbilla y lentamente posó sus labios sobre los de él. El hospital se vio envuelto en la ira de un Dios traicionado. Las luces se apagaron y los cristales estallaron. El violento y furioso viento desordenaba las habitaciones, tiraba los armarios y destrozaba las paredes. Su ángel más puro, su ángel más obediente, su ángel más preciado había sucumbido ante un sentimiento humano. Había vuelto a ser traicionado, Meredith había caído como Luthbell cayó hace tiempo.
Los cabellos de Meredith se teñían de negro y las lágrimas empezaban a correr por sus mejillas. Se llevó las manos al rostro. ¿Lágrimas? Qué extraña sensación. ¿Dolor? Le ardía la espalda. Si fuera cierto que los ángeles tenían alas juraría que se las estaban arrancando. Su divinidad caía en picado mientras le grababan a fuego su pecado en la piel.
Sabía que no volvería a ver a Adam. Acarició la mejilla de éste mientras decía casi imperceptiblemente la palabra que le llevaría a la perdición.
-Te amo.
Y fue cuando su corazón se apagó y sus recuerdos estallaron en miles de fragmentos. Ya no era un ángel, ya no era un ser divino, ahora sólo era un saco de desperdicios. Sin pasado, sin presente, sin futuro. ¿Quién escribiría ahora su destino? ¿Qué será de su nueva vida?

Era hora de darle un final.

Anoche bebí y fumé. Creo que nunca me había encontrado peor.
 Como siempre, me prometiste venir, y como siempre, brilló tu ausencia.
Me encontraba sentado en un banco de la Plaza España, a las 12:40 pm, horas en las que sólo podía oír mi propia respiración. Alejado del consumismo que se encontraba por el día en las agitadas calles de Madrid, alejado del estrés con el que se vivía en dicha ciudad, alejado de tus mentiras. Era la segunda cajetilla, ya estaba mareado y con ganas de vomitar, el malestar físico se apoderaba de mí y no me iba a dejar escapar. Mis lágrimas corrían como si fueran las de un niño pequeño, ya me hacías demasiado daño. Eres egoísta. Los demás decían que al menos te tenía, ¿pero esto es tenerte? Simplemente juegas con mi ser, juegas a creer sentir amor, y siempre soy yo el pringado que se queda, con la débil esperanza de que esta vez vengas. ¿Qué he hecho mal? No lo sé.  Tú eres la culpable de mi situación, de mi estado, tú y tus mentiras, tú y mis falsas ilusiones.
Tiré la cajetilla a la carretera, empecé a ahogarme en lágrimas. No vendrías, ni ahora, ni hoy, ni mañana, nunca. ¿Cuántas veces nos habremos visto desde que empezamos, seis veces? Saqué el móvil y empecé a escribir un SMS: “Hemos cortado”. Lo envíe y me levanté. Sentí que me había liberado de unas pesadas cadenas, sentí que ya no estaría en una situación parecida, pero también sentí que me equivocaba al hacer esto,  no estaba seguro de lo que sentía.
Caminé por Gran Vía, parece mentira que fuera Madrid… Tan tranquilo, tan silencioso. La única que me acompañaba era la soledad. El frío me agarraba para no dejarme escapar, pero no me importaba, suficientes problemas tenía como para preocuparme de ello. Andaba mirando hacia el suelo, lamentando cada día que estuve a tu lado, odiando cada día que me dejaste con tan solo el calor de una chaqueta. Para mí siempre fue un “nosotros” para ti un “yo”, creías que con un vulgar mensaje en Facebook lo arreglarías todo, pero las cosas no son así. Tus sonrisas  se volvieron falsas y llenas de desprecio, mientras yo procuraba que las mías fueran las más sinceras que hubieras visto en tu vida. No sé qué prefiero ahora, vivir con tu permanente ausencia o vivir con tus imperdonables excusas baratas. Escoja lo que escoja TÚ no estarás a mi lado. ¿Olvidarme de todo? Es algo que se me haría imposible. El roce de tu cuerpo, tus miradas, tus besos… Todo ello hacía que olvidara mi enfado y me sumiera ante ti. Si te dijera que te desprecio te mentiría, si te dijera que te perdono sería idiota, si te dijera que te sigo queriendo sería cometer la mayor estupidez del siglo, porque sería la verdad.
Caminaba en silencio, sin palabras ajenas que llenen mis oídos de frustración, sin besos   que arranquen la piel de los labios, sin nadie que me hunda en un pozo de desesperación. Caminaba libre pero dolorido, como un pájaro al que han liberado pero tiene un ala herida; volará, pero podrá caer fácilmente hasta que se recupere.